ADN B.F. LEÓN

ADN B.F. LEÓN

     Corría la temporada 2016-2017. MARINA GAGO, entonces cadete de primer año, hacia media temporada, jugaba un partido con su equipo que había comenzado el mismo diezmado y que por circunstancias, se vio aún mermado en el transcurso del mismo. Tras el descanso y a pesar de sus dolores en la rodilla, por no dejar "solas ante el peligro" a sus compañeras, obviando tales dolores y en un alarde de compromiso inigualable, Marina forzó hasta romper. La esperaba un camino de incertidumbre, de visitas médicas, de opiniones contradictorias. Entre tanto, su dolor persistía. Tras múltiples consultas tanto privadas como públicas, llegó la temida operación, a priori sin complicaciones. Pasaban los días, las semanas, los meses y los dolores continuaban hasta hacerse crónicos. Lo aconsejable hubiera sido tirar la toalla.

    Pero Marina, curtida en desgracias, se negó. Se negó a dejar su pasión, a abandonar la práctica de su deporte preferido. Entrenamiento tras entrenamiento, allí estaba ella, incapacitada para correr, pero no para ver y continuar aprendiendo, no perdiendo el contacto con su equipo, siendo un miembro más. Pero ya no solo pasaban los meses, ya pasaban los años y en la pretemporada 2018/2019, en Avilés, jugó sus primeros minutos, saltando a la cancha y sintiéndose otra vez jugadora. Sintiéndose otra vez importante,  a pesar de no haber abandonado nunca su rol. Poco dura la alegría en casa del pobre, dice el refrán, y a perro flaco, todo son pulgas. Recayó. Y su recaída nos dolió y nos desmoralizó a todos. ¿A todos? No. Marina volvió al ataque, continuó sus eternas visitas al fisio, su preparación específica de la mano de los preparadores del Club, Paula Bayón, Javier Romera e Itziar Abascal. Y en silencio, sin decir nada, derramando muchas lágrimas en solitario y, suponemos, con su madre, acostumbrada a sufrir, siguió su camino, empeñada en que el último año que quedaba de ciclo, el de Junior, ella volvería a saltar a la cancha, a botar, a plasmar esa personalidad que en la pista solo ella sabe imprimir. Y  con un mudo pero enorme grito diciendo "AQUÍ ESTOY YO", ayer día 29 de noviembre volvió a disputar unos minutos en categoría autonómica, Poco antes, ya había debutado con éxito en el provincial. El mismo día 30 de noviembre, volvió a jugar muchos minutos, también en competición provincial. Pero lo del sábado tenía un sabor especial. Entre la emoción y las lágrimas de los que allí estábamos, Marina Gago, la 5, nuestra querida 5, dejó patente que "si se quiere, se puede". 

   No es el único caso, desgraciadamente, en nuestro Club. Era el primer partido de la temporada 2017/2018, en Valladolid, nuestra jugadora añada 2004, MARTA PALANCA, con su 4 en la espalda, en una acción rompía ligamentos. Gravísima lesión, inoperable entonces por su edad. Otro calvario, menor en tiempo, pero no en sufrimiento, acompañaría a Marta, quien a base de fisios, ejercicios, trabajo y sacrificio, intentaba reforzar esa pierna lo suficiente como para llegar a jugar sin operar. No fue posible y terminó pasando por el quirófano cuando a juicio facultativo, resultó posible, y vuelta a empezar. A punto estuvo nuestra querida y hábil jugadora de tirar la toalla, desmoralizada. Sin embargo, con la ayuda de todos, decidió no cejar en su empeño y en este caso, el pasado día 17 de noviembre saltaba a la cancha, también en un partido autonómico, en la misma provincia donde se había lesionado, si bien esta vez jugaba en Cigales. La emoción de los presentes, sabedores del camino de espinos recorrido por Palanca, nuestra número 4, fue indescriptible. Ambas jugadoras se enfrentaron hoy en partido provincial. Ambas con ADN B.F. LEÓN. Duras, de mente inquebrantable. Todos deseamos que terminéis la temporada sin más sustos. Tanto vosotras como cualquier jugadora, sea o no de nuestro Club. Es el lado oscuro del deporte. Y solo nos consolamos porque a título personal, estas circunstancias os han preparado para afrontar la vida a sabiendas de vuestra infinita fuerza. Y gracias a ambas por la lección que nos habéis dado a todos.